jueves 15 de marzo de 2012

FESTIVAL DEL RÍO EN ANISACATE




9º Festival del Río en Anisacate, Córdoba.Una gran fiesta en el pueblo del cielo.

Revolución en Anisacate, "el pueblo del cielo", según la antigua lengua de los comechingones.
Podría llamarse así esta nota o quizá, de cómo un festival resurge de las cenizas logrando, nuevamente ponerse entre los más importantes de la provincia.
Vayamos paso a paso. El pueblo de Anisacate, (a 8 kilómetros de Alta Gracia y 47 de Córdoba capital, en el valle de Paravachasca) tiene el color verde como paisaje. Es el río el que le dio nombre al poblado a fines del siglo XIX, en cuya entrada desde la ruta se percibe ese aroma a verdor típico de las villas veraniegas cordobesas. Peperina, poleo, carqueja, son aromas cotidianos de la villa fundada por inmigrantes rusos. A la vera de la ruta reciben al visitante varias esculturas. Son obras del santafesino Saúl Miller. Ademas del homenaje a la mujer, un poco más arriba en el camino, están las de Mercedes Sosa, estratégicamente ubicada sobre un pequeño escenario de madera envuelta en un poncho, y la otra es la de Néstor Kirchner, con el pulgar en alto. Ambas miran hacia Córdoba, saludando a quien pasa hacia el dique Los Molinos, o dobla a la izquierda en este punto para remontar el camino que lo conducirá hoy, sábado 3 de marzo, al festival del pueblo. A unos trescientos metros está el Polideportivo Municipal, lugar elegido este año para realizar el 9º Festival del Río de Anisacate.
El encuentro llevaba 12 varios años sin realizarse, y en el verano del 2011 volvió al ruedo tímidamente con el apoyo de Quilay, la productora que dirige Jorge Rojas quien es, además vecino de Anisacate.
El encuentro cumplió este año con varias misiones: en primer lugar, reconstruir aquel mítico encuentro que representó alguna vez al pueblo y que con los años perdió importancia en cuanto a organización y difusión, por el que pasaron artistas como Jairo y el mismo Rojas; en segundo lugar, demostrar que en una sola jornada se puede hacer un gran festival con artistas de renombre apoyando a los nuevos y locales. Atraer a una multitud que colmó las instalaciones (platea vip y campo) a precios módicos y participó del primero al último minuto; y culminar con el “feliz cumpleaños” al anfitrión, que justamente pasada la medianoche cumplía 40 años.
El combo salió redondo y con saldo a favor: contundentes actuaciones de Sergio Galleguillo yPeteco Carabajal, la elección de la reina, artistas locales, y ballets de la zona fueron la previa al concierto de Jorge Rojas con el estilo de los que viene presentando ya durante los festivales de verano pero con algunas perlitas extras (los invitados), por ser una noche especial.
Latitudes musicales.
La tarde caía mientras, cerca de las 20 horas, comenzaron a desfilar por el escenario los artistas locales y el Ballet Municipal. Cerca de las once de la noche, Sergio Galleguillo desplegó la bandera de su tierra riojana, chaya y tradiciones incluidas, y el constante ida y vuelta con el público. El “gallo” (como lo llaman todos) recurrió a algunas anécdotas en común con Jorge Rojas intercaladas con sus canciones: “Echarte al Olvido”, “La Taleñita”, “Niña Chay”, “Zamba para olvidar”, “Yo quiero ser tu amor”, las zambas “Agitando Pañuelos” y “Fábulas de Amor” (invitando a bailar a las damas de la platea con el baterista Pino Romero, como es costumbre) y el cierre con “El Camión de Germán”, la banda de sonido de la chaya riojana en la que cada febrero, los riojanos abren las puertas de sus casas al mundo para mostrar su tradicional festejo.
Luego del desfile de postulantes a reina, con el cielo ahora despejado (había anunciado lluvia a la tarde) y una luna cuarto menguante iluminando el escenario, Peteco Carabajal se cargó al hombro otra vez a la multitud desplegando primero las canciones de su nuevo disco “El Viajero”, y luego una serie de chacareras y zambas en continuado que levantaron nuevamente a las plateas y populares. “Fortuna, fama y poder”, “Juan del Monte”, “Como Arbolito en Otoño”, “Amanecer Revolución”, “Alleluia Chacarera”, “Quimey Neuquén”, “Como Pájaros en el Aire”, “La Mataca Ollera”, “El Bailarín de los Montes”, fueron la banda de sonido de un patio santiagueño en tierra cordobesa, que culminó con una maravillosa y mítica versión de “Digo la Mazamorra”, el poema del puntano Antonio Esteban Agüero, al que Peteco musicalizó años atrás.
Algo extenso pero magnífico el concierto del santiagueño que dejó el escenario caliente para quien, además de cerrar la noche, festejaría su cumpleaños y compartiría más de dos horas de música con invitados como Claudia, Pirán, Coco Gómez, Lucio y Alfredo Rojas, Los Surcos y la banda a pleno, y el gran gusto personal que el mismo rojas se dio, al cantar cuatro canciones con su admirado Peteco.
“Dejen quieta la guitarra que el maestro sigue”, indicó a los asistentes Rojas, para el bis del santiagueño, que tras “Perfume de Carnaval”, “Bajo la Sombra de un Árbol” y el abrazo, se despidió cantando chacarera.
Quedaba el final, en el que Jorge Rojas repasaría sus clásicos románticos para deleite de las chicas, invitaría a cantar coplas a su padre Lucio, tocaría chacarera para que bailen sus hermanos (y el ballet comandado por Erica y Adrián), recibiría decenas de regalos de la platea mientras devolvía sonrisas y despuntaría el final, cerca de las cinco de la mañana.
Había mencionado ya, durante su presentación, el compromiso de seguir apoyando el Festival del pueblo que lo cobija. Todo, con la luna del valle de Paravachasca alumbrando ese "pueblo del cielo", rodeado de verdes, a la vera del río que le dio nombre.

AUTORA:Paola de Senzi-
Fotos: Paul Amiune

viernes 9 de marzo de 2012

LOS TROVADORES DE CUYO


LOS SESENTA GRANADEROS


Ante el Cris, ante el Cristo Redentor
se arrodi, se arrodillaba un arriero
y roga, y rogaba por las almas
de los bra, de los bravos granaderos.
Eran se, eran sesenta paisanos,
los sesen, los sesenta granaderos;
eran va, eran valientes cuyanos
de cora, de corazones de acero.
Quiero elevar mi canto
como un lamento de tradición
para los granaderos
que defendieron nuestra nación.
Pido para esas almas
que la bendiga Nuestro Señor.

II

Nuestra Se, Nuestra Señora de Cuyo
contempló la cruzada de los Andes
y bendijo al General San Martín
el más grande, el más grande entre los grandes.
Cuna de, cuna de eternos laureles
Con que se, con que se adorna mi patria,
es Mendó, es Mendoza la guardiana
por ser la, por ser la tierra más gaucha.
Quiero elevar mi canto
como un lamento de tradición
para los granaderos
que defendieron nuestra nación.
Pido para esas almas
que la bendiga Nuestro Señor.

LETRA:Hilario Cuadros
MÚSICA:Féliz Pérez Cardozo

Recuerdo con mucho cariño la visita que hicieron a mi padre en nuestra casa de campo, allá por la década de 1950, algunos de los integrantes de Los Trovadores de Cuyo. Recuerdo a Lino y Tosi Zeballos ( nativos de mi pueblo)y a Juan Cisneros, quien montara mi caballo el Pirincho que se puso a corcovear y casi lo tira en medio del patio. Ese día cantaron y conversaron mucho con mis padres y yo los miraba embobada. Años después Tosi Zeballos venía a visitar a mi padre en su lecho de muerte. Siempre lo recordamos en nuestra familia, como así también a su hermano Lino, que hoy tiene 90 años y me ha enviado unos temas por medio de su sobrina, mi amiga Mónica.
Hoy los Trovadores de Cuyo siguen trabajando con nuevos integrantes y mucha vena cuyana. Que sigan los éxitos!

viernes 30 de diciembre de 2011

FELIZ AÑO NUEVO!




Muchas Felicidades para todos los visitantes de este modesto blog y los oyentes de mi programa LOS 4 RUMBOS DEL FOLKLORE, que se emite por FM 90.5 Radio Stéreo Vida y por www.radioeltrebol.com.ar . Que en el 2012 se les cumplan todos sus sueños y que el mundo en que vivimos tenga PAZ!

viernes 23 de diciembre de 2011

FELIZ NAVIDAD!


FELIZ NAVIDAD QUERIDOS AMIGOS DE LOS 4 RUMBOS DEL FOLKLORE! espero nos encontremos en el brindis de Nochebuena y a través del dial de la FM 90.5 Radio El Trébol, el domingo de Navidad de 8 a 12 Hs. o a través de internet por www.radioeltrebol.com.ar .
Un gran abrazo y que sean bendecidos por la Paz, el Amor, la Salud y el Trabajo, en este Nacimiento de Jesús.

ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO






Poeta, compositor, actor y autor teatral
(27 de marzo de 1901 – 23 de diciembre de 1951)

Hace unos años, en su ensayo Les assassins de la mémoire -un agudo estudio sobre el revisionismo neonazi en la Europa contemporánea-, el escritor francés Pierre Vidal-Naquet reprodujo la letra de "Cambalache", el tango emblemático de Enrique Santos Discépolo. ¿Una cita descabellada? ¿Acaso un rasgo de exotismo de un intelectual en busca de oxígeno fuera del ámbito de la cultura europea? Según lo confesaría el autor, Discépolo cayó en sus manos a través de unos amigos latinoamericanos. Y él decidió incluirlo en un libro que nada tenía que ver con el tango. La imagen del cambalache como escenario del azar insolente, de la confusión de valores y la desacralización le pareció la más adecuada para sellar su texto de denuncia.
No fue aquella la primera vez que la obra de Discépolo despertó interés en el campo del pensamiento. El español Camilo José Cela lo incluyó entre sus poetas populares preferidos y Ernesto Sabato no ha dudado en identificarse con la filosofía pesimista de quien supo escribir en "Que vachaché": "El verdadero amor se ahogó en la sopa". Muchos años antes de estas reivindicaciones, los poetas lunfardos Dante A. Linyera y Carlos de la Púa definieron a Discépolo como a un autor "con filosofía". Otro escriba de Buenos Aires, Julián Centeya, al reseñar unos de sus filmes, habló de "filosofía en moneditas", a la vez que arriesgaba una analogía -sin duda desmedida- entre Discépolo y... Carlitos Chaplin.
A diferencia de otros creadores populares que desplegaron su talento de modo instintivo y un tanto naif, para luego ser reivindicados por futuros exégetas, Discépolo fue siempre consciente de sus aportes. Podría incluso asegurarse que toda su producción artística está articulada por estilo común, un cierto aire o espíritu discepoliano que la gente reconoce inmediatamente, con afecto y admiración, como si su obra -más de una vez definida como "profética"- expresara el sentido común de los argentinos. La singularidad de Discépolo sigue inquietando, tanto dentro como fuera del universo del tango. Mientras la mayoría de sus coetáneos hoy suena extraña para las nuevas generaciones, el hombre que escribió y compuso "Cambalache" persiste, está vigente. O para decirlo con una de sus imágenes preferidas: sigue mordiendo.
Enrique se formó viendo teatro de la mano de su hermano Armando, el gran dramaturgo del grotesco rioplatense, y poco después se sintió atraído por las artes populares. Llegó al tango después de haber probado, con suerte dispar, la autoría teatral y la actuación. En 1917, debutó como actor, al lado de Roberto Casaux, un capo cómico de la época, y un año más tarde firmó junto a un amigo la pieza Los duendes, mal tratada por la crítica. Luego levantó la puntería con El señor cura (adaptación de un cuento de Maupassant), Día Feriado, El hombre solo, Páselo cabo y, sobre todo, El organito, feroz pintura social bosquejada junto a su hermano, al promediar los años 20. Como actor, Discépolo evolucionó de comparsa a nombre de reparto, y se recordaría con entusiasmo su trabajo en Mustafá, entre muchos otros estrenos.
Si bien los mundos del teatro y el tango no estaban divorciados en la Argentina de Yrigoyen y Gardel, la decisión de Discépolo de convertirse en un autor de canciones populares fue resistida por el hermano mayor -Armando se había hecho cargo de la educación de Enrique después de la temprana muerte de los padres-, y no puede decirse que las cosas le hayan sido fáciles al debilucho y tímido Discepolín. Una tibia influencia familiar (Santo, el padre, fue un destacado músico napolitano establecido en Buenos Aires) puede haber sido una primera señal hacia el arte combinado de la organización sonora y la letrística, pero la revelación no fue inmediata. Por el contrario, tanto el insípido "Bizcochito", su primera composición hecha a pedido del dramaturgo Saldías, como el notable y revulsivo "Que vachaché", editado por Julio Korn en 1926 y estrenado en un teatro de Montevideo bajo una lluvia de silbidos, fueron un mal comienzo, o al menos eso se creyó en el Buenos Aires que aclamaba los tangos de Manuel Romero, Celedonio Flores y Pascual Contursi.
La suerte del obstinado autor cambió en 1928, cuando la cancionista Azucena Maizani cantó en un teatro de revistas "Esta noche me emborracho", un tango de ribetes horacianos (por el Horacio de las Odas) y tópico netamente rioplatense: aquella vieja cabaretera que el tiempo trató con impiedad. Días después del estreno, los versos de aquel tango circularon por todo el país. Los músicos argentinos de gira por Europa lo incluyeron en sus repertorios, y en la España de Alfonso XIII la composición gozó de gran popularidad. Había nacido el Discépolo del tango. Ese mismo año, la actriz y cantante Tita Merello retomó el antes denostado "Que vachaché" y lo puso a la altura de "Esta noche me emborracho". Finalmente, 1928 sería el año del amor para un intelectual cargado de inseguridades. Tania, una cupletista española radicada en Buenos Aires que se revelaría como una muy adecuada intérprete de sus tangos, acompañaría a Discépolo el resto de su vida.
En una época en la que la autoría y la composición estaban claramente diferenciadas en el marco de las industrias culturales, Discépolo escribía letra y música, aunque esta última era imaginada con apenas dos dedos sobre el piano, para luego ser llevada al pentagrama por algún músico amigo (generalmente Lalo Scalise). Esta capacidad doble le permitió a Discépolo trabajar cada tango como una unidad perfecta de letra y música. Con un agudísimo sentido del ritmo y de la progresión dramática, con un gusto melódico impecable (Carlos de la Púa lo definió como un "Pulgarcito Filarmónico"), Discépolo se las ingenió para hacer de sus breves y muchas veces violentas historias una auténtica comedia humana rioplatense. Abandonó gran parte de la influencia modernista que hacía estragos en otros letristas (Rubén Darío fue el héroe literario de cientos de poetas argentinos, durante muchos años) y tradujo al formato "menor" de la canción ciertas ideas dominantes de la época: el grotesco teatral, el idealismo crociano, el extrañamiento pirandelliano...
La proliferación de ideas en cada letra hallaba en el humor socarrón y en el lirismo de la música un cierto equilibro, una compensación sensorial, un modo de "decir cosas" en y a través del tango. Ningún otro autor llegaría tan lejos.
Desde luego, el hecho de que Carlos Gardel grabara casi todos sus primeros tangos ayudó en gran medida a la difusión y legitimación de Discépolo como autor y compositor de un género lleno de autores y compositores. En ese sentido, la versión gardeliana del 10 de octubre de 1930 de "Yira yira" figura entre los grandes momentos de la música argentina. La intensidad de la grabación, en la que no hubo recursos teatrales especiales y el cantante evitó todo énfasis innecesario, está dada por la inmediatez de la expresión gardeliana. No hay preámbulos instrumentales que familiaricen al oyente con el material, más allá de una apretada introducción de los guitarristas que exponen el estribillo con los trémolos y fraseos de bordonas típicos de los acompañamientos de la época. La línea melódica, con sencillez engañosa irrumpe de golpe, con una fuerza que excluye la queja.
"Yira yira" fue escuchado e interpretado como una denuncia cargada de escepticismo. El militante ridiculizado en "Que vachaché" vuelve a la carga, pero esta vez respaldado por una crisis material profunda. Ahora, el "engrupido" que se resistía a creer que "el verdadero amor se ahogó en la sopa" ocupa el lugar de la voz cínica. Los principios han sido trocados por la realidad. Es el triunfo del descrédito, pero ya sin el cinismo - y mucho menos el grotesco- de unos años antes. El personaje de "Yira yira" confió en el mundo, y este lo defraudó. Como en otros tangos de Discépolo, la letra cuenta una "caída", un desalmado amanecer: ya no hay espacio para el engaño y la impostura. (Desde esta perspectiva, no están del todo equivocados quienes han visto en Discépolo a un moralista decepcionado por la modernidad, aunque tal vez sea mucho más que eso).
La línea que empieza con "Qué vachaché" y madura en "Yira yira" se continúa en los tangos "Qué sapa señor" y, en 1935, "Cambalache" Pero no es este el único "estilo" del arte compositivo de Discépolo. Este supo ser romántico en el vals "Sueño de juventud", burlón en tangos "cómicos" como "Justo el 31" y "Chorra", expresionista en "Soy un arlequín" y "Quién más, quién menos", pasional en "Confesión" y "Canción desesperada" y un tanto nostálgico y elegíaco en "Uno" y "Cafetín de Buenos Aires", ambas creaciones escritas conjuntamente con Mariano Mores. No fue tan prolífico como Enrique Cadícamo, y una parte considerable de sus creaciones carece de interés. Es indudable que la variedad musical de Discépolo tuvo que ver con sus inquietudes teatrales y cinematográficas. Su puesta de "Wunder Bar" y sus películas más conocidas - "Cuatro corazones", "En la luz de una estrella"- dieron a conocer canciones -algunas casi olvidadas- que el director y actor escribió con su sentido "programático".
Enrique Santos Discépolo nació en el barrio porteño del Once, el 27 de marzo de 1901, y murió el 23 de diciembre de 1951, en el departamento céntrico que compartía con Tania. Su compromiso con el peronismo, hecho público a través de su breve y fulminante participación en un discutido programa de radio, lo distanció de varios de sus viejos amigos. Dos años después de su muerte, cuando las trincheras políticas ya no lo necesitaban pero varios de sus tangos seguían golpeando en la conciencia colectiva, Discépolo fue recordado por el escritor Nicolás Olivari en una nota memorable. Allí Olivari aseguraba que el autor de "Yira yira" había sido el perno del humorismo porteño, engrasado por la angustia. En cierto modo, aquella era una definición discepoliana.
Sergio A. Pujol es historiador y crítico musical. Entre otros libros, publicó "Discépolo. Una biografía argentina" (Emecé, 1997).

martes 15 de noviembre de 2011

JUAN DE LOS SANTOS AMORES



Nació un 12 de enero de 1915, tuvo muchos aspectos la vida de Juan de los Santos Amores, comenzó trabajando en los circos a temprana edad, en donde trabajaba con sus conjunto de música y danzas en la primera parte y como actor teatral en la segunda. Realizó varios films en los cuales se desempeñó como actor, bailarín además de realizador de los cuadros folklóricos y tango en películas como "Los Troperos", "Pepino no sabe jugar" o "Juan Moreira". Las escenas de a caballo que realizaba, hasta las más arriesgadas, las hacía él mismo, sin necesidad de dobles. Hacia 1946 realizó un viaje de 750 km. de extensión durmiendo en su apero. En 1948 repitió la travesía.
En el aspecto docente tuvo muchísima relevancia su actuación, fue profesor de las Universidades Populares Argentinas, del Club Hípico Argentino, Escuela Nº 5 del Consejo Escolar 12, Club Nativo la Salamanca, Círculo Santiagueño, Club Social y Cultural Flor de Ceibo (a las que se llamó por primera vez Peñas gauchas), Escuela Modelo de Castelar, Escuela José Hernández, N8 del C.E. 15, ASociación Cristiana de jóvenes, Centro Argentino Tradicionalista Yapeyú, Círculo de Aeronáutica, Institución Tradicionalista El Ceibo, hasta el año 1953 en el que renunció a todas para crear el I.D.A.F. (Instituto de Arte Folklórico), institución que aúna más de 3000 escuelas en todo el país, desde La Quiaca hasta Ushuaia, quizá su obra más grande y la que más ayudó en su carrera a la difusión del folklore.
Falleció en Buenos Aires el 13 de noviembre de 1995. Desde entonces dirige el I.D.A.F, su esposa la Profesora María del Carmen Pini.

DAMACIO ESQUIVEL


DAMACIO ESQUIVEL

Damasio Esquivel nació en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, el 1º de abril de 1919, y falleció en Buenos Aires el 25 de abril de 2004. Su nacimiento en Rosario se produjo por la circunstancia fortuita de que su madre, correntina de Mercedes, y su padre, paraguayo, venían viajando en barco desde Paraguay a Buenos Aires, y allí se produjo el parto.
En el año 1943, Damasio Esquivel contrajo matrimonio con Juana Barboza, más conocida como "Doña Elsa", encontrándose en ese año revistando como bandoneonista de la orquesta de Samuel Aguayo (1909-1993).
Y fue que el 6 de marzo de 1944, como producto de ese matrimonio nació la primera hija, a la que llamaron Carmen. Ante tal acontecimiento, y pleno de felicidad, con su talento Damasio Esquivel compuso un tema musical dedicado a su hija. Fue la bienvenida al mundo que Damasio Esquivel le dio a su hija Carmen. La obra musical la llamó "Alma guaraní" y tuvo formato de polca correntina. Fue registrada en forma instrumental, pero no como polca correntina, sino como chamamé.
El 18 de enero de 1946, el "Trío Cocomarola" (Discografía completa Sello EMI-Odeón Vol. 2 - 1946-1949) llevó al disco el chamamé "Alma guaraní" en forma instrumental, tal como estaba concebido (Nota: fue la primera grabación discográfica de dicho tema).
Luego, Damasio Esquivel le encargó a Rubén Fernández de Olivera que escribiera los versos para su obra y éste los escribió inmediatamente. Los versos de "Alma guaraní" escritos por Fernández de Olivera quedaron así:

Armoniosa pasión
de una raza decidida,
recio corazón
que desafía a la vida.
Grande es tu valor, pura es tu emoción.
grandeza el amor de tu corazón
tal tu devoción, alma guaraní.

Yo te quiero cantar
alma pura de mi raza
y con mi canción
quiero evocar tu grandeza.
porque en el dolor deja de penar
y hacer un cantar para que al vivir
se pueda reír, se pueda soñar.

Alma guaraní
llena de gracia inefable,
alma guaraní
de ternura incomparable.
Es pasión el amor
y es canción el dolor,
fervor que vibra al cantar
que invita a soñar, y es toda ilusión
alma que es amor, alma que es verdad,
y cambia el dolor en felicidad.

Los versos escritos por Rubén Fernández de Olivera no le gustaron a Damasio Esquivel porque consideraba que los mismos no reflejaban el alma guaraní, por lo cual no los aceptó, no los autorizó. Por ello, el día en que se encontró con Osvaldo Sosa Cordero en SADAIC, le encargó que le escribiera una nueva letra a su obra musical. Damasio Esquivel no era amigo de Osvaldo Sosa Cordero, sino que era simplemente conocido, pero se lo encargó a él teniendo en cuenta que ya en ese momento era un autor conocido y de prestigio. Y le pidió, en forma especial, que los versos reflejaran el alma guaraní.
Osvaldo Sosa Cordero interpretó cabalmente el pedido y escribió la nueva letra para "Alma guaraní" con la cual Damasio Esquivel quedó totalmente satisfecho. Entonces, Osvaldo Sosa Cordero y sus Correntinos llevó la obra al disco, con la nueva letra de su autoría, el 26 de agosto de 1946, cantando Pedro Rodríguez de Ciervi. Los versos de "Alma guaraní" escritos por Osvaldo Sosa Cordero, quedaron así:

Raza del guayaki (1)
la selva no te ha olvidado,
tu alma guaraní
perdura en el suelo amado,
y desde el verdor del monte natal
la brisa sutil del tiempo estival
nos vuelve a traer tu voz secular.

Es la misma que ayer
echara a volar el viento,
cuitas de un querer
con hondo y nativo acento.
Es la voz racial que no morirá
mientras el crisol de algún mbaraka (2)
su pena o su amor convierta en cantar.

Alma guaraní,
quietud de los naranjales,
alma guaraní,
lamento de los yerbales.
Vibra tu tradición
en la luz y en la flor.
Lo mismo que el manantial,
sin ningún rumor aflorando vas,
y en riego de amor bendiciendo estás,
alma guaraní, la heredad natal.

(1) Guayaki: tribu indígena.
(2) Mbaraka: guitarra.

No obstante que "Alma guaraní" ya tenía una nueva letra escrita por Osvaldo Sosa Cordero, y que ya había sido grabada por su conjunto, el 19 de diciembre de 1946 Samuel Aguayo llevó al disco "Alma guaraní", con su conjunto "Yaguareté" (estribillo cantado por Samuel Aguayo), cantando la letra no autorizada por Damasio Esquivel, la letra perteneciente a Rubén Fernández de Olivera.
Y por su parte, Damasio Esquivel, apenas formó su agrupación, llevó al disco su tema "Alma guaraní" con la letra de Osvaldo Sosa Cordero, el 5 de julio de 1950, con la voz del cantor de su conjunto Ramón Ayala.
Después de la primera grabación del conjunto de Damasio Esquivel con la voz de Ramón Ayala, su agrupación volvió a grabar "Alma guaraní" en diversas oportunidades, y con distintos cantores. Lo hizo con Higinio Gómez en 1961 (con la letra de Rubén Fernández de Olivera, disco "Polkas y chamamés con Damasio Esquivel"), con Domingo Rodríguez en 1966, instrumental en 1968, con Edgardo Vallejos en 1972, con Néstor Ameri en 1985 y con Iris Mabel en 1998.
Los Hermanos Cena y su conjunto "Los Ases del Chamamé" grabaron "Alma guaraní" con la letra de Rubén Fernández de Olivera en el año 1962, cantando Roberto Galarza con el dúo integrado por los hermanos Enrique y Damián Cena. Y Samuel Aguayo y su Orquesta Guaraní volvió a grabarlo el 24 de mayo de 1956 (letra de Rubén Fernández de Oliveira).
Luego, y con la letra de Osvaldo Sosa Cordero, fue grabado en el año 1961 por Juan Molina Cabral y su conjunto folklórico, y en el año 1962 por Ramona Galarza y su conjunto (disco "Ramona Galarza y su conjunto" Vol. 8 - Disco doble 45 rpm - Sello ...). Y justamente la versión por Ramona Galarza fue la que hizo que "Alma guaraní" alcanzara el mayo esplendor de la fama y se convirtiera en un tema clásico en el repertorio de la música litoraleña, ya definitivamente con la letra de Osvaldo Sosa Cordero (ver partitura musical).
Y finalmente, "Alma guaraní" fue grabado una vez más por Samuel Aguayo y su conjunto paraguayo en el año 1966, pero esta vez con la letra de Osvaldo Sosa Cordero (disco "Vuelve Samuel Aguayo" - Sello Polydor Nº 20.301).

Fuente consultada:
Gutiérrez Miglio, R. 2008. Samuel Aguayo, el rey de la canción guaraní. Ed. El Reino Guaraní, Buenos Aires. pp. 47-48.
Publicado en "NOSTALGIAS DE MI LITORAL" el 31 de agosto de 2011.